La gran mayoría de las defensorías públicas brasileñas sufre la hegemonía del modelo liberal – modernista, habiendo sido creadas con el fin principal de servir al administrador como instrumento de modernidad, y por lo tanto a él subordinada. En ellas, la defensa de los derechos del ciudadano queda considerada a los límites impuestos por quien dirige el órgano fiscalizador, que tolera, y hasta aprecia la crítica, pero solamente mientras esta no afecta sus intereses. Tienen, en general, vínculos partidarios y ninguna participación de la sociedad en la elección de su titular. Están sometidas, además, en grados diversos, a la influencia de una concepción mercadológica , o privatista, que considera a las defensorías públicas y privadas como especies del mismo género, esto es, ambas como órganos de defensa de la ciudadanía. Para los que defienden esa concepción, entidades y hombres de negocios tienen un papel relevante en la pauta de las discusiones sobre la conformación, la organización y la administración de la defensoría pública, que debe ser, según ellos, conducida por profesionales especializados, valorizándose los métodos, las técnicas y las concepciones de administración de la empresa privada, responsables por la alta resolución, y por los cases de éxito obtenidos por la defensoría.
Por contraste, surgió otro paradigma, que podría ser llamado como democrático – popular. Este enfatiza la autonomía de la defensoría, y la participación de la ciudadanía en su elección y administración, como conditio sine qua non para que ella pueda, plenamente, identificar los reclamos de la sociedad en relación al órgano fiscalizador, y que su titular libera para vehicularlos y defenderlos. En algunos casos, aun contra el administrador, si este sigue una orientación corporativista, o contraria a los principios republicanos y democráticos. Tal modelo de defensoría se preocupa por la eficiencia del servicio público, pues entiende que la calidad de este , no puede prescindir de la defensa de los derechos humanos, de la transparencia, de la justicia y de la inclusión social, que deben nortear la acción del defensor del pueblo y condicionar todos sus pasos.
Son dos modelos que raramente se realizan, en su plenitud, en determinadas defensorías. La amplia mayoría de ellas es dotada de algún grado de hibridismo, aunque también sea claro, en esta mayoría, la presencia dominante de las características de uno u otro de los paradigmas arriba referidos. La situación actual de subordinación al administrador ha desacreditado la defensoría frente a la opinión pública, que clama por instrumentos de control social eficaces para restaurar el principio de igualdad en la administración pública, su efectiva transparencia y el comportamiento ético de sus integrantes.
Por lo expuesto, los firmantes del presente Manifiesto proponen una amplia articulación de todos los sectores interesados en consolidar y ampliar los instrumentos de control social en pro de la constitución de una Coordinación Nacional capaz de movilizar a parlamentarios, entidades de defensa de la ciudadanía, universidades, prensa, y, especialmente a los defensores públicos, con el objetivo de, constituir, en corto plazo, un fórum nacional con vistas a la formulación de una propuesta legislativa estructuradora de una red nacional de defensorías, autónomas y democráticas y, también, la de un Código de Ética del Defensor Público, susceptible de indicar las conductas necesarias que debe adoptar el titular de la defensoría para la realización de sus fines, y comprometerlos con el cumplimiento de tales conductas.
Los defensores de las Defensorías Públicas de Brasil, reunidos en Joao Pessoa, los días 8 y 9 de marzo de 2012, al aprobar este Manifiesto, dieron el puntapié inicial para la movilización, en todo el país, de todos los que están empeñados en el fortalecimiento de instrumentos idóneos de control social.
Los que quisieren endosarlo deberán presentar la intención de hacerlo, escribiendo para el CEBESP –su primer suscriptor- que espera la adhesión de todos los que apuestan en la defensoría como instrumento de transformación.
Joao Pessoa, 8 de marzo de 2012.
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