8 de marzo – Día Internacional de la Mujer

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En 1910, durante la “Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas” reunida en Copenhage, Clara Zetkin, una reconocida representante del partido socialista alemán, propuso la creación de un Día Internacional de la Mujer. La propuesta fue aprobada por aclamación y se dispuso que ese día tuviera por objetivo impulsar el movimiento de defensa de los derechos laborales, políticos, sociales, culturales y económicos de las mujeres.

Desde los comienzos del siglo XX a nuestros días, las mujeres hemos avanzado en conquistar muchos de nuestros derechos. Del derecho al voto al derecho a la educación, a la salud, a ocupar puestos jerárquicos, a participar de la vida política, etc. Estos importantes avances se han logrado gracias a la incorporación de legislación específica y a las medidas de acción positiva para garantizar la igualdad real de oportunidades y de trato entre varones y mujeres.

Sin embargo, a 107 años de aquella convocatoria a celebrar el Día de la Mujer, todavía hoy siguen existiendo desigualdades, discriminaciones y conductas violentas contra las mujeres que impiden avanzar en el desarrollo y la paz, y que limitan el goce y el ejercicio pleno de sus derechos. La realidad permite comprobar que en muchas áreas la paridad y la igualdad son todavía una mera aspiración de nuestras sociedades democráticas, aún cuando la legislación establece esta igualdad, llevarla a la práctica presenta demasiados obstáculos.

Es sabido que existe una estrecha relación entre la cultura, los géneros y los derechos humanos, dado que existen usos y costumbres culturales que se vienen transmitiendo desde generaciones remotas y que agreden la integridad física y psíquica de mujeres y niñas, vulnerando sus derechos humanos fundamentales.

Es que si bien los derechos humanos reconocen la dignidad inherente a todas las personas por el sólo hecho de serlo y la igualdad de los derechos de varones y mujeres, las prácticas culturales en las comunidades arrojan como resultado que los derechos humanos son disfrutados en mayor medida por los varones, aún en aquellos países más desarrollados, porque está comprobado que no existe ningún país en el mundo donde las mujeres no sufran la discriminación y la violencia.

Ya nadie niega, al menos públicamente, que vivimos en un sistema patriarcal, y que este sistema es el que genera la desigualdad entre mujeres y varones, dado que todo parte de una única visión, un solo modelo, un solo patrón: el varón, y de este modo se van forjando estereotipos y prejuicios que se naturalizan en nuestra cultura, que se mantienen en el tiempo y que ayudan a conservar esa desigualdad.

Una desigualdad que es específica y diferente de cualquier otra. Porque el pobre puede convertirse en rico; un grupo oprimido puede en un momento dado liberarse y alcanzar el poder; un trabajador puede llegar a patrono; una etnia puede supeditar a otra y a la inversa; pero la desigualdad de las mujeres, ésa, es intrínseca y radica por el solo hecho de ser mujer.

Una desigualdad que perpetúa la condición inferior de la mujer en la familia, en el trabajo y en la sociedad, porque los valores que se nos adjudican como propios (la ternura, el cuidado, la sensibilidad, etc.) nos relegan a un plano inferior sin repercusión social, ni política ni económica. Sin embargo, el Movimiento Feminista desde hace casi tres siglos lucha denodadamente por abrirse paso dentro de una cultura que invisibiliza a las mujeres en la historia, las ciencias, las artes, la política, la familia, el trabajo, las organizaciones, las comunicaciones y la sexualidad.

Esta desigualdad a la que me refiero no solo es estructural, sino fundante de nuestras sociedades. Es una auténtica globalización que funciona desde el principio de los tiempos, y que es la causa y origen de la discriminación y la violencia de género.

Aún hoy, hay cientos de miles de mujeres víctimas de la trata y el tráfico humano; trabajadoras que por idénticas tareas perciben salarios inferiores a los varones; mujeres con baja participación en los altos cargos donde se toman las decisiones importantes. Asimismo, la mayoría de los analfabetos en el mundo son mujeres, y también ellas constituyen la mitad de la población del planeta que recibe menor cantidad de alimentos, de medicamentos y de atención médica. Más aún, la violencia con sesgo de género crece día a día y arroja cifras alarmantes de mujeres muertas como consecuencia de la violencia ejercida contra ellas, la que se agrava y se potencia en mujeres migrantes y refugiadas, como así también en situaciones de conflictos armados.

La institución del Defensor del Pueblo, en tanto organismo de derechos y garantías, y cumpliendo con su misión de preservar, promover y proteger el respeto por los derechos humanos, realiza acciones tendientes a velar, proteger y promover los derechos de las mujeres, impulsando su desarrollo individual y social.

Conscientes que el acceso a la justicia comienza por el conocimiento de los derechos y de las leyes, y que éstas son un instrumento para erradicar los actos de discriminación, la institución del Defensor del Pueblo ha creado mecanismos y recursos para que las mujeres accedan al ejercicio pleno de sus derechos, ampliando su ciudadanía y contribuyendo a la construcción de relaciones más igualitarias, solidarias y respetuosas de los derechos humanos.

Finalmente, me quiero referir en forma específica al 8 de marzo, porque es importante comprender que éste no es un día para festejar, sino para conmemorar. Un día para homenajear a las mujeres que nos precedieron en la lucha por reivindicar y exigir nuestros derechos: las sufragistas, que lucharon por el derecho al voto y a ocupar cargos públicos; las que al final del siglo XIX se declararon en huelga exigiendo la no discriminación laboral y la formación profesional, las que murieron quemadas en la fábrica textil Cotton de Nueva York por demandar mejores condiciones laborales y las que lucharon por demostrar denodadamente que gran parte de los rasgos que la sociedad considera femeninos no son más que una convención social que subordina a las mujeres por una razón cultural y no biológica.

El 8 de marzo es un día para reflexionar acerca de la situación de las mujeres en todo el mundo, en cada país, en cada ciudad.

Un día de compromiso y militancia para hacer visibles la desigualdad, la discriminación y la violencia que en todas sus formas y en todos los ámbitos se ejerce contra las mujeres.

Un día para hacer un balance sobre los logros que hemos obtenido a lo largo de la historia en materia de derechos civiles, políticos, económicos y sociales, y de las discriminaciones que en todos los ámbitos aún debemos enfrentar, lo que nos obliga a seguir exigiendo cambios.

En definitiva, el Día Internacional de la Mujer es un día de reivindicación de derechos en el que se visibilizan las desigualdades, por eso no debemos sumarnos a la frivolidad y comercialización que se le asigna vaciándolo de contenido político. Más que regalos necesitamos y exigimos respuestas por parte de los Estados para que cumplan con los compromisos internacionales relacionados con los derechos humanos de las mujeres y para que den cuenta de los avances y de los retrocesos.

Respuestas para saber dónde acudir cuando un hombre nos golpea a nosotras y a nuestras hijas e hijos. Respuestas de las instituciones públicas (policía, centros de salud, Justicia) para que no nos revictimicen y desalienten las denuncias. Respuestas que tienen que ver con el apoyo económico para subsistir sin el golpeador. Respuestas para que no se limite la capacidad de la mujer de ejercer el control sobre su salud sexual y reproductiva. Respuestas que permitan tener un mayor y mejor acceso a la Justicia y eliminar los estereotipos de género en los fallos judiciales en desmedro de las mujeres, y para que la Justicia utilice un lenguaje que no sea androcéntrico, ni clasista, ni sexista. Respuestas dirigidas a conocer nuestros derechos y tener acceso a la información para así poder tener acceso a la Justicia, dado que si no sabemos que tenemos derechos difícilmente podemos reclamarlos, exigirlos y demandarlos.

Con todo, nos unimos a las celebraciones mundiales en ocasión de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, e instamos a seguir trabajando en la promoción de prácticas más incluyentes y representativas a fin de lograr una mayor participación de las mujeres en la vida política y social, como así también en la eliminación de la violencia de género y contra todas las formas de discriminación para alcanzar la igualdad real de oportunidades y de trato. Sólo así podremos vivir en sociedades más justas, inclusivas e igualitarias.

Lic. Gabriela A. Moffson
Secretaria de la Mujer - ILO