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Coronavirus, “La Normalidad” Puesta En Duda.

Artículo publicado el 4 de abril en "Crisol Hoy", Revista de la Ciudad de Aguascalientes, México. https://crisolhoy.com/2020/04/04/coronavirus-la-normalidad-puesta-en-duda/

Ismael Rins, Secretario General de ILO y Defensor del Pueblo de Río Cuarto, Argentina

Ismael Rins, Secretario General de ILO y Defensor del Pueblo de Río Cuarto, Argentina

 

Lo que no ha podido hacer la voluntad política podría hacerlo la potencia mutágena del virus. Pero esta fuga debe prepararse imaginando lo posible, ahora que lo impredecible ha desgarrado el lienzo de lo inevitable”.  Franco “Bifo” Berardi

Es difícil pensar, hablar o escribir sobre un tema que nos atraviesa, porque justamente en ese atravesarnos subjetivamente, deja de ser un tema de análisis para devenir en una afectación, una afectación que nos reencuentra, a veces en tensión, con nuestra vulnerabilidad, con nuestro cuerpo, con nuestro encierro, con nuestra obediencia, con habitar un tiempo en pausa, un tiempo desacelerado. 

El virus circula e impacta con su carga viral y biopolítica en todo el orden de las cosas tal como las conocemos, acontece, como la escuché decir por estos días a la antropóloga Rita Segato, como un significante vacío, “el virus como un significante vacío al que intentamos darle un sentido”. 

Así el coronavirus puede ser quién aseste el golpe final al capitalismo, como sostiene Zizek, para quién la actual crisis desnudó la fragilidad de las democracias liberales y el mundo se encaminaría hacia una especie de “barbarie o alguna forma de comunismo reinventado”,  o que se trate de una falsa dicotomía, como polemiza Byung-Chul Han en respuesta a Zizek, en su artículo “La emergencia viral y el mundo del mañana”, para quién, tras la pandemia, “el capitalismo continuará con más pujanza”. 

Se suceden relatos, lecturas, palabras en lo que parece una búsqueda vital y desesperada por volver a atar la trama del mundo,  a anudar los resortes de sentido que garantizan su “normal” funcionamiento que quedó roto o interrumpido por este brote viral.  

El virus adquiere su propio peso ontológico, su régimen de veridicción, de acuerdo al dispositivo de análisis y a su lugar de enunciación. Cada descripción traza una cartografía no sólo discursiva sino también ética, entre lo dicho y lo no dicho, entre lo que importa y lo que no, entre lo que vale la pena sostener y entre lo que se puede desechar, entre causas y efectos, víctimas y culpables, entre vidas a cuidar y vidas a desestimar. 

Lo que no podemos hacer es el cinismo de tratar esto como  un acontecimiento inesperado, que irrumpe sin que lo esperáramos, analizarlo como un fenómeno descontextualizado de la conflictividad ambiental, social, económica y cultural.  Si hay algo que estuvo siempre anunciado y no escuchado es esta crisis. Ya desde antes que surgieran conceptos como “Antropocéno”, “Capitaloceno”, hubo miles de palabras, de narrativas, de avisos sobre las consecuencias  de un patrón civilizatorio hegemónico capitalista, patriarcal, colonial, antropocéntrico, y sus reflejos en formas de vida consumistas, individualistas, violentas y carentes de afecto para con humanos y no humanos. 

Rob Wallace,  autor del libro Las grandes granjas producen grandes gripes y ha investigado las nuevas pandemias durante 25 años. Para él, todos los virus infecciosos de las últimas décadas están íntimamente relacionados a la cría industrial de animales; la producción de alimentos hiper industrializada y sus prácticas contaminantes que ponen en peligro la biodiversidad del planeta y la salud de las personas. La única salida a esta y futuras pandemias es que la producción de alimentos sea sostenible, sin uso de plaguicidas ni antibióticos y se reintegre a las necesidades de las comunidades locales. 

Este brote viral no es más que la señal más dura que en la sobre explotación  de la naturaleza, hemos suprimido la capacidad del planeta para sostener la vida y los medios de subsistencia. “Crisis Civilizatoria”, como crisis multidimensional que abarca la cuestión ambiental, climática, migratoria, política, económica, y en definitiva de la propia ontología humana.  Donde esta dinámica capitalista del crecimiento ilimitado, basada en un modelo de desarrollo ecocida, que ataca las propias condiciones de sostenibilidad de la vida, encontró su límite en la naturaleza física del planeta, en las insurrecciones sociales que se sucedieron en Latinoamérica y ahora en este virus que nos trajo sin escalas al temido punto de no retorno. 

La pandemia se desmarca así de su territorialidad epidemiológica para mostrar su anclaje en la lógica biocida de la acumulación del capital y más específicamente en el sistema industrial de la producción de alimentos, que a través de  la producción agropecuaria, ha avanzado y devastado ecosistemas vitales para la diversidad del planeta y para nuestro propio equilibrio biológico. 

Si algo ya podemos vislumbrar claramente es que a esta crisis sociosanitaria le sucederá una crisis de alimentos. Nos muestra también lo insostenible del sistema global de alimentación agroindustrial, sin alimentos de cercanía, sin alimentos sanos, sin alimentos accesibles económica y territorialmente. Este proceso, debe permitirnos volver a vincular el alimento a la vida, al cuidado de nuestros cuerpos, de nuestro territorio y de nuestra economía.

Al pensar filosófico o crítico, sobre motivos y razones que solapan esta pandemia, lo intercepta también nuestro propio “real”, el enfrentarnos a nuestra propia cotidianeidad, en la que toda su dinámica material y existencial ha sido interrumpida y afectada.  El coronavirus pasa de ser un objeto de análisis para ser un problema que nos atraviesa en nuestra subjetividad más precaria. 

La biopolítica en acto, en nuestros más ínfimos gestos. ¿Cómo cuidar de nuestros afectos? ¿Cómo tejer tramas de solidaridad desde el encierro? ¿Cómo hacer algo para aquellos que no tienen casa, ni agua, ni asistencia por parte del Estado? ¿Qué nuevas desigualdades permitimos con nuestra inacción? ¿Cómo tejernos en comunidad y que no impere el “sálvese quien pueda”? ¿Cómo habitar este tiempo otro? ¿Cómo sostener a nuestros niñxs cuando su “sistema de normalidades”: rutinas, colegio, abrazos, abuelos, amigos, paseos, cercanías afectivas, se vé radicalmente detenido? ¿Qué nuevas formas de control estamos dispuestos a aceptar? ¿Cuál es la “normalidad” a la que queremos (o no) volver? 

Buscamos atajos, sentidos, lecturas, mapas, horizontes emancipatorios, palabras que nos sostengan y nos permitan creer que otras temporalidades, otros modos de estar y otros mundos, ya está siendo posibles. “La crisis del coronavirus significa una civilización que está muriendo. Pero también muestra un pluriverso de otros mundos que se están levantando”, expresan Acosta, Escobar y otros en “¿Puede el coronavirus salvar el planeta?”.  Frente a la globalización económica que sólo trajo devastación ecológica y desigualdad, este pluriverso está habitado por múltiples alternativas de transformación. Las reivindicaciones indígenas sobre el “buen vivir” y su ser en armonía con la tierra; la agroecología,  el eco feminismo; le gestión comunitaria y soberana del agua, el territorio, la energía y los alimentos.

Las múltiples narrativas que se suceden en torno a lo qué está pasando, porqué pasó y lo que vendrá, intentan ser eso, una búsqueda precaria de sentido, ante un acontecimiento que nos afecta, nos atraviesa, y que nos deja sin palabras, aunque éstas sean las que más circulan, y la respuesta que demos de cara al futuro depende de cómo habitemos esta crisis hoy.  

El capital ya hace su jugada desde su imparable semiótica comunicativa, con su infopandemia (es el único tema que están tratando los medios) y biocontrol, estamos encerrados, separados, pero “sin parar”, continuamente operados en nuestra subjetividad por su propia dinámica productivista, pero ahora desde casa. Pero más implacablemente aún, con la idea de “que no podemos parar todo” y que cuando esto pase “todo volverá a la normalidad”. Es verdad que una interrupción prolongada de las actividades productivas ya tiene y tendrá un impacto inimaginable en la economía, desabastecimiento de alimentos y desempleo, pero también es cierto que imaginar un volver a la “normalidad” y reactivar nuevamente la máquina capitalista (en caso que sea posible) se sucederán nuevas pandemias, nuevas catástrofes naturales. No sólo somos nosotros los que debemos parar, sino el capitalismo,  también el sujeto capitalista que somos. La respuesta que demos mañana, es como habitemos esta pausa hoy, si vamos a parar para volver a lo mismo, o vamos a parar para encontrarnos e inventar otras palabras, parar para respirar y resistir, para tejer y tramarnos colectivamente, para desafiar lo establecido y volver a conectarnos con la tierra y la vida. 

En estos días se ha resignificado desde una nueva pragmática, el lema de la insurrección del pueblo chileno: “No volveremos a la normalidad porque la normalidad era el problema”. El lema que surgió de un pueblo que salió a la calle para decir basta, se actualizó, en estos días, como el dispositivo que cataliza la potencia colectiva, la fuerza transformadora que nos empuja a construir otros posibles, otros lenguajes, otro mundo posible, otra manera de habitarlo, otra economía.

No podemos volver a la “normalidad” que éramos porque esa normalidad es la que nos condujo hasta acá. La normalidad que éramos es el problema. La normalidad que transitamos en los últimos años con la Amazonía en llamas por el avance de la frontera agrícola, la crisis de humanitaria de migrantes mientras Europa miraba a otro lado, la trama de desigualdades que estructura el orden global, la mercantilización de la salud, de la alimentación y de la naturaleza, es la normalidad de nuestra crisis civilizatoria a la que no debemos volver porque es la que nos condujo a esta condición de fragilidad. 

Con palabras de Bifo: “No podemos saber cómo saldremos de la pandemia cuyas condiciones fueron creadas por el neoliberalismo, por los recortes a la salud pública, por la hiperexplotación nerviosa. (…) El virus es la condición de un salto mental que ninguna prédica política habría podido producir. La igualdad ha vuelto al centro de la escena. Imaginémosla como el punto de partida para el tiempo que vendrá.”

Hoy más que nunca, en esta densidad irrespirable, necesitamos crear otras palabras para respirar, otros lenguajes para un mundo nuevo, otros modos posibles de habitar(nos) en el territorio común, en el territorio de nuestras propias subjetividades y hasta el de nuestro propio cuerpo, de nuestro cuerpo confinado, aislado, y amenazado, pero también desde esa precariedad, reconocernos uno con el otro, uno con la tierra, y volver a entrelazarnos con la trama de sostenibilidad de la vida. 

Notas

1.-  Franco “Bifo” Berardi, “Crónica de la psicodeflación”. https://cajanegraeditora.com.ar/blog/cronica-de-la-psicodeflacion/

2.-  Slavoj Žižek, “Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de ‘Kill Bill’ y podría conducir a la reinvención del comunismo”, publicado en Russia Today 27 de febrero, 2020, Sopa de Wuhan

3.-  Byung-Chul Han, “La emergencia viral y el mundo de mañana”, El País. 

4.-  Rob Wallace, entrevista para la revista Marx21 en https://www.soberaniaalimentaria.info/otros-documentos/debates/717-entrevista-rob-wallace

5.-  Acosta, Escobar, otros: “¿Puede el coronavirus salvar el planeta?” en https://www.opendemocracy.net/es/puede-el-coronavirus-salvar-el-planeta/