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Declaración del ILO en relación a las expresiones y acciones del presidente de los Estados Unidos Donald Trump

Casa blanca
La asunción del nuevo presidente de los Estados Unidos, ha provocado en muchos sectores, sobre todo aquellos sensibles a los valores de los derechos humanos, de la paz, de la vida en democracia, del pluralismo, de la protección del medio ambiente y de la libertad, una honda preocupación

No es el señor Donald Trump el primer presidente de ese país que exhibe como una cucarda de honor, la intolerancia, la prepotencia y la afirmación de un modelo de relación con el mundo, imbuido de agresividad y que augura el triunfo de quien es materialmente más fuerte. Desde mediados del siglo pasado, América Latina experimentó casi ininterrumpidamente esta política norteamericana. Por otra parte no es en vano que Estados Unidos sea uno de los países más reacios a asumir compromisos internacionales de respeto y protección de los derechos humanos.

Por ese motivo no es esta reacción contra el señor Trump una piadosa vuelta de página contra tantas tropelías cometidas por muchos de sus predecesores en nombre de las más hipócritas razones. Ni tampoco lo es para muchos otros gobiernos de otros países que con los más cínicos propósitos, diseminaron el dolor por el mundo con la explotación y expoliación de los pueblos, al calor de intereses comerciales y políticos.

Lo llamativo y preocupante de la situación creada por el señor Trump, es la verificación de que las herramientas del pasado, por hipócritas o cínicas que hubiesen sido, procuraban disimular la malignidad que las inspiraba, con esos procedimientos literalmente vergonzantes. El señor Trump convirtió los instrumentos en fines. Ya no se trata sólo de políticas de Estado agresivas, xenófobas o discriminatorias; son gestos y actitudes personales que se manifiestan con el epítome de un pasado de violencia, de atropello y desprecio a la condición humana que muchos creían superadas (o al menos soterradas) a la vista del desarrollo del derecho internacional de los derechos humanos y de formas más democráticas de organización política.

Los hombres y mujeres del planeta debemos repudiar estas acciones y políticas -que no son las únicas, desgraciadamente,  que se vienen registrando en el mundo en los últimos años- no sólo por sus propios contenidos y finalidades, sino también para alertar a otros que tengan la vesánica tentación de atravesar el umbral de la decencia y la dignidad. Y también naturalmente por el granítico pedestal de poder desde el que se están lanzando al mundo.
El Consejo Directivo del Instituto Latinoamericano del Ombudsman – Defensor del Pueblo, expresa de este modo su condena a las proclamas y actitudes del Presidente de Estados Unidos y exhorta a las organizaciones de derechos humanos, a las instituciones públicas cuya responsabilidad es la de tutelarlos y a los partidos políticos que hacen fe del pluralismo democrático a que se expresen en este sentido.

Buenos Aires 1° de febrero de 2017